Estas cansada. Te has despertado hace 10 minutos, quedan otros tantos y no puedes remediar estar levantada. El tren crea un bamboleo de despedida de lo que ha sido no un viaje en tren, sino mucho más, algo más profundo y enriquecedor. Un viaje en tren de 4 meses, que te ha hecho vivir la vida como nunca antes lo habías hecho.
Ahora el viaje se acaba, pero continua uno ya existente. Ha sido un viaje dentro de otro viaje, el viaje que hacemos todos, pero del que tú has tomado un transbordo, para volver a subirte a esta aventura con más fuerza.
Solo quedan 5 minutos, empiezan tus nervios por buscar las maletas y sacarlas del compartimiento, esperando no perder un segundo metida en el tren, y poder salir a respirar el aire que emana del lugar.
El tren para, no hay nadie delante de ti que te impida salir. Solo una puerta metálica que te aísla del mundo exterior, y que no se acaba de abrir, como esperando que le pidas que se aparte y te deje sentir el olor de tu casa.
Ahora se aparta, sales del tren, sacas las maletas, y pones los pies de nuevo aquí.
Ya está. Fin del trayecto.
Ahora ya estas aquí. Y yo.
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